“He visto muchas veces, en lugares tropicales, donde eliminan los techos de paja y ponen onduline de chapa metálica, y es entonces cuando la gente se cuece, literalmente, pues la chapa se calienta. Pero piensan que eso es el progreso, eso es el futuro y que es un material que no se destruye. En cambio la paja la tienen que cambiar cada dos o tres años. ¿Cómo cambiar esta mentalidad de querer poner materiales modernos que luego no tienen la función esperada?

Manual del arquitecto descalzo comenzó porque trabajaba con gente que vivía en chabolas, a las que les explicaba formas de reconstruir sus casas, purificar y reconducir el agua… Muchas veces les dejaba unos simples dibujos, así que, estando en México, pensé que sería mejor hacer un libro.”

Este manual fue hecho para desarrollar la confianza de aquellos que tienen el sueño de construir y desean comprender la relación entre la vivienda y su entorno, sus límites y sus posibilidades.
La información es proporcionada por medio de varios dibujos, casi siempre en perspectiva y de la manera más clara posible. Partí del principio de que una imagen puede ser más explicativa que varios textos.
En este manual no se trata de inducir a la gente a construir su casa de manera tradicional. El mundo ha cambiado mucho; hay escasez de materiales tradicionales de construcción y de mano de obra con estos conocimientos. Ante esto, tal información sería una frustración para el lector; más bien se trata de responder a los desafíos actuales de vivienda y presentar alternativas, aplicando en el proceso de construcción una combinación de técnicas tradicionales y modernas.
En la Antigüedad, los primeros arquitectos amasaban la tierra con los pies para elaborar los ladrillos, arquitectos descalzos que pisaban la tierra, una imagen alejada de nuestra realidad, que se aparta cada vez más de la naturaleza.
Quien realmente me inspiró para reunir estos conocimientos de construcción y compartirlos fue la gente del campo y de las zonas precarias de las grandes ciudades. Su confianza en la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, a pesar de todas las dificultades que enfrentan, fue la base de esta obra.”
El autor es Johan van Lengen, arquitecto holandés que dejó en los años 70 una carrera exitosa en California para instalarse en Brasil para dedicarse a la búsqueda de mejoras en casas tradicionales. Experto conocedor de las construcciones tradicionales, trabajó para la ONU realizando investigaciones antropológicas.
A la vuelta de un viaje de Alemania, en el 87, donde había asistido a un congreso sobre arquitectura, su mujer le llevó a una “hacienda” medio abandonada a 300 km. de Río. Le gustó el lugar y pensó en la posibilidad de crear allí un lugar de trabajo para desarrollar sus ideas.
Entonces surgió TIBÁ (Lugar de encuentro para difundir un conocimiento más profundo de cómo interpretamos nuestro medio ambiente y la realización de una conciencia ambiental más plena).

 

– “Todo comenzó porque trabajaba con gente que vivía en chabolas, a las que les explicaba formas de reconstruir sus casas, purificar y reconducir el agua… Muchas veces les dejaba unos simples dibujos, así que, estando en México, pensé que sería mejor hacer un libro. El problema vino porque, como trabajaba en la ONU, no tenía tiempo, además las órdenes eran que no podíamos dar ningún tipo de consejo, sólo observar. Así que tuve que esperar algún tiempo antes de comenzar el Manual del Arquitecto Descalzo.”
-“Existe ese problema del que ya hablé, la gente de clase baja mira a la clase media para imitarla, porque quiere llegar a ese nivel y si la clase media está usando bloques de hormigón, quiere bloques de hormigón.
La gente prefiere vivir miserablemente para un día comprar cien bloques para construir otra parte de la pared y estar otros tantos años así. Una historia interesante que ocurrió en Ciudad de México donde Claudio, arquitecto, convenció al dueño de uno de los periódicos más importantes de la ciudad de construir su casa de fin de semana con adobe. De ésto hace unos treinta años y ahora Caiacaoan, que así se llama la localidad, es toda de adobe, porque la gente ve una familia con casa de adobe, con coche, piscina, y entonces tienen que hacer la suya de adobe.»
«…entonces vi una casa en construcción, fui allí y pregunté porqué usaban paja, y me contestaron que la usaban porque no tenían otra materia prima. En otro poblado, donde colocaban un techo de metal, les pedí porque habían elegido ese material. Me contestaron que era más rápido de construir. Caminé un poco, la mayoría de estas gentes ni siquiera hablaban el español, pregunté a varias personas y encontré una que me dijo “mira, aquí la gente tiene peleas, discusiones, entre familias, con vecinos, y ocurre que normalmente el sábado por la noche salen del bar con mucho pulque y llegan a casa del vecino donde las mujeres están discutiendo, entonces abren una caja de cerillas y prende fuego al techo de paja”. Esta era la costumbre hasta que llegó el techo de cinc.»

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